jueves, 22 de octubre de 2009

La Radio y los días. En tinieblas, por ilegales



1973. La puerta crujió detrás de nosotros. La presión de los que estaban aún fuera del edificio de la CFE pudo más que la fuerza de los guardias que pretendían cerrarles el paso, y marco y cristal quedaron oscilando peligrosamente sobre el tumulto que irrumpió en el amplio vestíbulo. Al punto asomaron desde el segundo piso trabajadores y empleadas de la empresa atraídos por el ruido, mirándonos con una mezcla de curiosidad y horror.
En ese momento no nos importaba si la fuerza pública nos encerraba por daños y perjuicios o por sedición y motín, estábamos más que enchilados por el trato déspota y discriminatorio de los burócratas que primero negaron su existencia y después, prepotentes, se encogieron de hombros ante la petición de instalar la red eléctrica para mil 500 familias que vivíamos desde hacía meses como los bárbaros de las cavernas.
-- Estamos dispuestos a pagar lo que nos corresponda…
-- ¿Tienen las escrituras que comprueben que la propiedad es de ustedes?
-- Nadie nos ha demostrado que sea el auténtico dueño, no podemos comprar así. Pero tenemos niños y enfermos; el calor y el frío los han pasado sufriendo. No podemos seguir viviendo entre tinieblas.
-- Pues así van a estar mientras sean ilegales. Aquí no hay excepciones.
-- Los circos vienen un mes y les bajan la luz desde el primer día, nosotros no nos vamos a ir, queremos arreglar por las buenas con ustedes…
-- Busquen a los dueños y cuando arreglen con ellos, vuelvan.
…………………..
Que conste. Quisimos llegar a un acuerdo, legalmente. Por algún lado teníamos que empezar a legalizar nuestra situación, pero una y otra vez nos orillan a tomar la solución por nuestras propias manos / ¿Vieron cómo les valía madre cuando les hablamos de nuestras familias? ¡Cómo me gustaría verlos nomás una semana viviendo como nosotros! / No salimos de los ranchos para seguir alumbrándonos con velas / Por acá donde andamos trabajando hay una ristra de postes que ya tienen mucho tiempo de estar a la interperie / Pos sí, pero cada uno pesa unos 200 kilos! / ¡Y qué tanto han de pesar que entre diez no podamos cargarlos? / ¿Y la poli, qué hacemos si nos encuentra con ellos? / Pos se los atravesamos y a ver si nos alcanzan...!

Noche tras noche, salieron las brigadas a “comprar” postes, cada vez de sitios más lejanos. Se encajaron en la dura tierra, se levantaron y un contratista hizo el resto. No se comparaba con la calidad de CFE, pero estaba mucho mejor que los típicos tendederos de otras colonias de posesionarios. Hasta transformadores teníamos.
Entonces no podíamos saber todos los conflictos que esta desesperada solución habría de traernos, pero por lo pronto, la maravilla de poder ver los rostros en las noches nos pareció recompensa suficiente.
Foto: Transportando un poste desde San Nicolás...

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