martes, 26 de junio de 2012

28 muertos a la fosa del oportunista olvido


28 muertos, 21 sobrevivientes gravemente lesionados, es hasta el momento el saldo rojo del microbús que se dirigía al cierre de campaña del candidato del PT en Buenavista, Gro.
Todos pobres, pero no “de solemnidad”, como acostumbra decirse, porque la mayoría eran indígenas del norte de Guerrero y los indígenas no pueden ser solemnes ni ya muertos.
¿Además, qué solemnidad puede haber donde se retaca con medio centenar de ellos, entre hombres, mujeres, niños y niñas, un microbús con capacidad sólo para transportar la mitad de ese hato humano?
Con ecuánime unanimidad, las columnas de análisis político desdeñaron este asunto y lo dejaron para la nota roja. ¿Qué tal si en el próximo mitin los desbarrancados son de “la derecha” y lo aprovechan los analistas del signo contrario?
Aún así,  algunos periódicos amarillistas cabecearon que los muertos iban de acarreados a un mitin petista, generando la indignada protesta de gente “de izquierda” por la falta de respeto a los muertos, dijeron. Los pobres y los indios (que siempre son pobres) suelen viajar como ganado en camiones de redilas o en microbuses desvencijados sin que las buenas conciencias se indignen, más aún, sin que lo noten, pues son parte del paisaje típico mexicano en época electoral. Lo que no está permitido es que cuando se precipiten a un barranco de 300 metros se mueran,  pues eso es hacerle el juego  a la derecha.
La muestra de civilidad la dio el Secretario de Gobernación Alejandro Poiré, quien de inmediato buscó al dirigente del PT, Alberto Anaya, para expresarle “de manera muy sentida sus condolencias por el sensible fallecimiento de personas que se dirigían a un evento de campaña”, elegantes palabras que agradecerán quienes se ofenden cuando se llama "acarreo" a amontonar gente sin consideración y sin conciencia de su destino.
Allá en la sierra, el pueblo sencillo no parece entender las diplomacias que se traen el segundo de Calderón y el millonario Senador Anaya. Más bien cómo que intuyen que eso de ir a morirse por colocar sobre sus espaldas a un enemigo de su clase, así se autoproclame “de izquierda”, no equivale exactamente a morir una muerte honrosa.
Quizá por eso se habla de que existe una gran indignación en Coxcotlán, de donde procedía la mayor parte de los siniestrados y están comenzando a exigir  que se descuenten de las prerrogativas de los partidos políticos recursos económicos para pagar la manutención de por lo menos 12 menores que quedaron huérfanos de padre y madre por esta tragedia.
Cuando un encumbrado político muy cercano a Felipe Calderón murió al desplomarse el aparato en que viajaba, el Presidente declaró duelo nacional y ordenó erigirle un monumento como si fuera héroe nacional. Los 28 indígenas muertos y los sobrevivientes mutilados en este episodio de la Sierra de Guerrero  merecen cuando menos un imponente grito de ¡Ya basta! a la desvergonzada utilización del hambre y la miseria de los desposeídos en esta farsa que sólo aprovecha a los vividores de la política profesional.

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