lunes, 19 de septiembre de 2011

Los verdaderos valores del Dalai Lama


En días pasados, el Consejo Estatal para la Promoción de Valores, organizó el “Tercer Encuentro Mundial de Valores” en la ciudad de Monterrey, con la participación de destacadas personalidades procedentes de diferentes países.
Este Consejo Estatal funciona con financiamiento del Gobierno estatal; se creó en 2007, supuestamente para enfrentar la escalada de violencia mediante la alianza de asociaciones e instituciones “para difundir los valores” y por medio de campañas en universidades, empresas y escuelas públicas “para promover conceptos morales como honestidad y responsabilidad”.
Javier Benítez, Presidente del Consejo, inspirado por la presencia y el discurso de su principal invitado, Tendzin Gyatso, el decimocuarto Dalai Lama, manifestó de inmediato su deseo de invitar el próximo año al Papa Benedicto XVI. "¿Qué gente más representativa de paz, de cultura ciudadana, de convivencia que esas personalidades que son del mundo espiritual? -- dijo emocionado Benítez-- Nos dan unos ejemplos y unas enseñanzas muy bonitas”.
En el programa “Sin Pelos en la lengua” de Radio Tierra y Libertad, Ignacio Staines analizó la participación del Dalai Lama en este evento, llamando al público a guiarse siempre por el método de “Buscar la verdad en los hechos” y no por los discursos que suelen ser muy distintos de lo que muestra la realidad.
Y los hechos demuestran que el célebre Dalai, ganador del Nobel de La Paz, está muy lejos de promover los valores de honestidad, responsabilidad, paz y democracia que pregona.
Para empezar, dijo Staines, el Dalai Lama pertenece a una casta de sátrapas que gobernaban el Tibet de la manera más antidemocrática, imponiendo una teocracia feudal que sometía a la servidumbre al 95 por ciento de la población de esa región hasta 1,949, año de fundación de la República Popular China.
Los siervos tibetanos estaban obligados a mantener a la casta parasitaria de los Lamas. Quienes intentaban huir eran sometidos a castigos brutales, que incluían cepos, cadenas y mutilaciones. La inmensa mayoría de la población no tenía derecho a la libertad personal, a la educación ni a la subsistencia. ¡Esa era la condición de los derechos humanos en el Tíbet bajo la teocracia feudal de los Lamas, incluyendo al actual campeón defensor de los derechos humanos, el Dalai Lama!
La fundación de la República Popular China puso fin a las aspiraciones de los imperialistas británicos de dividir el territorio tibetano. En 1951 el Ejército Popular de Liberación inició la ocupación del territorio bajo el mando del gobierno central, conservando el Dalai el gobierno local. En 1956 inició la reforma agraria radical, a la que intentaron oponerse los terratenientes con una revuelta armada. El Dalai Lama huyó a la India y desde ahí se mantiene como gobernante de Tibet en el exilio, sostenido por el gobierno de los Estados Unidos, en campaña separatista permanente contra el gobierno y el pueblo chinos.
Dos hermanos del Dalai dirigieron luchas de guerrillas financiadas por la CIA, en infructuoso intento por recuperar el poder. En 1998, documentos liberados por el Depto. de Estado Norteamericano revelaron que la CIA entregó 1.7 millones de dólares al año para sostener las actividades armadas de exiliados tibetanos contra el gobierno de la RPCh, mientras el “espiritual” líder budista predicaba la resistencia pacífica.
El fracaso de la violencia armada no ha hecho desistir los esfuerzos separatistas del Dalai. En este siglo, las operaciones ya no han corrido a cargo de la desprestigiada CIA, sino del National Endowment for Democracy (NED), Fondo Nacional para la Democracia, que destina dos millones de dólares al año a favor del exilio tibetano, más los recursos del Congreso norteamericano y las aportaciones de millonarios como Alberto Soros al líder budista, quien a pesar de semejantes apoyos sigue vistiendo la humilde túnica, símbolo de renuncia a la vida mundana. (Feudalismo Amistoso: El Mito Tibetano, Michael Parenti).
Hacia 1939, el Dalai Lama todavía niño, recibió las enseñanzas del nazi Heinrich Harrer, oficial de las tropas de asalto de Himmler durante siete años (llevados a la pantalla en el mito hollywoodense “Siete años en el Tibet”, con Richard Gere). El Dalai Lama conservó la amistad de este nazi hasta su muerte a los 93 años. Pero no fue la única amistad que cultivó entre estos enemigos de la humanidad. Fue también amigo del médico nazi Bruno Beger, juzgado por crímenes cometidos contra los prisioneros de los campos de concentración, como amigo fue de Miguel Serrano, Jefe del Partido Nazi de Chile, quien daba a Hitler trato de Dios.
Es conocida también la relación de maestro-alumno que sostuvo con el fanático Shoko Asahara, el jefe de la secta japonesa La Verdad Suprema, responsable del ataque con el tóxico gas sarín contra civiles inermes en el metro de Tokio. El Dalai quiso deslindarse de esa perniciosa amistad, pero no pudo negar los donativos que por más de un millón de dólares hizo en su favor el terrorista, quien se aseguró de contar con recibos del Dalai para poder obtener reconocimiento del gobierno japonés a su secta y deducir así impuestos. Tampoco fue casual la intervención del Dalai a favor del asesino Augusto Pinochet, cuando el gobierno español solicitaba la extradición del dictador amigo de los nazis.
El Dalai Lama tiene ahora otros asesores, más a propósito de sus prédicas. Destacan el Coronel Robert Helvey, Presidente de la Albert Einstein Institution, quien entrenó en Hong Kong a los grupos estudiantiles que dirigieron las protestas de Tiananmen en 1989, y Gene Sharp, ambos especialistas en la “Resistencia no violenta” como método para echar abajo gobiernos no colaboradores con la política de los Estados Unidos.
El Tíbet, inmensa región de importancia geopolítica de primer orden, es también uno de los más grandes depósitos de minerales del mundo: uranio, litio, hierro y cobre, entre otros, y desde luego, el petróleo, riquezas materiales que el imperialismo norteamericano quiere hacer creer al mundo que en su beatífica misión espiritual desconoce ese “hombre sagrado” que es el Dalai Lama.
Los pueblos del mundo deben conocer la verdadera faz de este farsante, aliado del imperialismo en la larga lucha por desestabilizar al único país capaz de frenar al enemigo principal de la paz mundial.
Foto: Maestro y discípulo. Dalai y Shoko Asahara.

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