lunes, 23 de enero de 2012

Pero, ¿hay realmente suicidas en la Sierra Tarahumara?


Alguna vez, Don Helder Cámara, arzobispo de Brasil, dijo: “Cuando alimento a los pobres, me dicen santo. Cuando pregunto porqué son pobres, me dicen comunista”.
Esta elocuente reflexión de Dom Helder merece recordarse cada vez que la sensibilidad social es sacudida por una realidad tan indignante como la que recientemente cimbró a las buenas conciencias del país. “Decenas de indios tarahumaras se están arrojando a las profundidades de las barrancas, desesperados por no tener qué dar de comer a sus hijos” – publicaron alarmados los medios de difusión que regularmente ignoran la miseria de los indios porque (simplemente) la miseria no es noticia.
Pero personas sensibles, principalmente jóvenes, no se concretaron a imaginar el dantesco sacrificio que se dijo ocurría en las majestuosas montañas de Chihuahua y a darle vuelta a la página. Hicieron suya la noticia, la difundieron por las redes, pusieron a consideración el qué hacer inmediato y sumaron manos solidarias a la obra de recabar alimentos, agua, cobijas y otros artículos para mitigar la crítica urgencia.
Pero, ¿había realmente tal urgencia? El sacerdote Javier Ávila, quien lleva decenas de años conviviendo con las comunidades rarámuris, la negó. “La noticia sobre los suicidios en la Sierra Tarahumara por hambre y frío es amarillista. El rarámuri soporta más que nosotros – dijo Ávila- El problema de los rarámuris no es de hoy, es de siempre y en los proyectos nunca son tomados en cuenta y los gobiernos tienen acciones de bomberos porque cada año se llevan despensas y cobijas, atacando más los efectos que las causas y no se preguntan porque cada año se tiene que apagar la casa”. Ven los efectos y no las causas, como hubiera denunciado Dom Helder, si viviera.
A las autoridades les conviene hablar de “crisis”, de “emergencia”, de suicidios parecidos a una súbita locura, para ocultar la cruel realidad. No, no puede haber “crisis” ni “emergencias” donde ha habido una política sistemática de genocidio contra los rarámuris, como la ha habido en 500 años de explotación, desprecio y olvido contra los pueblos indígenas de este país. Los gobiernos, estatal y federal, se han apresurado a llevar, como siempre, despensas y cobijas para tomarse la foto, aumentando el agravio al sumar la ofensiva limosna al despojo histórico de este digno pueblo que alguna vez fue el dueño de aquellos inmensos bosques y sus criaturas.
¿Qué pasará si esos jóvenes y demás personas generosas y solidarias, avanzan como Helder Cámara a preguntar porqué los pueblos rarámuris, waxaricas, tzotziles, mixes, mayas, mazahuas, yaquis y demás pueblos originarios viven abandonados a su suerte, remontados en las cuevas de las montañas o en miserables chozas de las selvas o del desierto? ¿Si dejan de reunir despensas y pasan a luchar con ellos o en sus propios centros de estudio o de trabajo por eliminar de raíz las brutales condiciones de explotación, de opresión y de racismo que por siglos les han impuesto los conquistadores, los encomenderos, los hacendados, los capitalistas sin poder exterminarlos? Les llamarán comunistas y no los invitarán más a posar para las fotos, pero estarán erradicando las condiciones para que nunca jamás vuelva alguien a morir la lenta muerte de vivir en la miseria.

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