domingo, 23 de octubre de 2011

Vicente Fox, indiscutible ganador de “El Mugido del Mes”

Ya en otro apartado de este blog de Radio Tierra y Libertad (“Habló el buey y dijo… ¡mú!”, Marzo/ 2011), hemos planteado que los exabruptos de los personajes representativos de la clase dominante de este país deben ser exhibidos, combatidos y ridiculizados, como parte del esfuerzo diario por revelar el pensamiento caduco y agotado de una clase que no puede seguir manteniendo sometida a las mayorías, mayorías que tampoco pueden seguir viviendo bajo las condiciones de explotación, miseria y violencia que transforman su vida en un infierno.
Uno de estos personajes públicos de lengua y cerebros flojos es el cómico-excéntrico Vicente Fox, expresidente de México, quien todavía a estas alturas goza de público internacional, seguramente por sus múltiples títulos de propiedad, a falta de títulos científicos o culturales que lo avalen.Nada menos que en la Capital del Imperio, Fox recomendó convocar a un diálogo con el narco para buscar un “cese al fuego”. Según la nota (“El Norte, 19/10/2011), Fox insistió en que su llamado al “cese al fuego” y su diálogo con los civiles no debe sorprender a nadie, pues en 1995 se negoció con el Subcomandante Marcos, líder del EZLN, quien –aseguró- era un criminal.
“Esto sucedió en el caso de Chiapas, cuando se formó la Cocopa… aprobado en nuestras leyes, y se sentaron a hablar con un criminal, con el Subcomandante Marcos”.“Y a través de ese diálogo en tres meses lo que fue la idea de derrocar un Gobierno, se convirtió en un movimiento social para representar a los indígenas”.
Cuestionado en torno a si criminales como Joaquín “El Chapo” Guzmán podrían participar en la mesa de diálogo, Fox contestó con un rotundo “¡Claro!”.
Si la burrada de cambiarle el nombre a Jorge Luis Borges le valió a Fox la burla internacional ¿Qué merece el lenguaraz guanajuatense por cambiar a su antojo la Historia del México moderno?
Los 11 puntos de La Declaración de la Selva Lacandona: trabajo, tierra, techo, alimentación, salud, educación, independencia, libertad, democracia, justicia y paz, demandas que ganaron la simpatía y solidaridad de la amplia mayoría del pueblo mexicano desde la aparición pública del EZLN en 1994, serían según Fox, el equivalente de los decapitados, fusilados y colgados con los que el narco aterroriza no sólo a sus enemigos, sino principalmente a la ciudadanía indefensa.
En ese marco del pensamiento foxiano, cabría esperar que a los tres meses de diálogo con el gobierno, el “Chapo” salga convertido en un líder social más radical que el Subcomandante Marcos.Las propuestas de Fox, como sus palabras, son una vacilada. Los políticos burgueses sin excepción, son incapaces de encontrar una respuesta de raíz al cáncer del narcotráfico. No quieren ni pueden acabar con este régimen porque de él nacieron y de él se nutren, porque este régimen basado en la búsqueda de la ganancia a toda costa, desarrolla inevitablemente la codicia y la corrupción;
compite creando fortunas basadas en el crimen, con las “respetables” fortunas basadas en la explotación permitida por la ley.
Para el pueblo conciente, ambas formas de enriquecerse son odiosas e inmorales, por eso el combate al narco sólo podrá hacerse a fondo construyendo otro marco económico y social que garantice a toda la población igualdad de oportunidades para estudiar y trabajar; una nueva sociedad tal que las formas embrionarias actuales de autodefensa de algunas comunidades, serán modelo a desarrollar para defender sus conquistas y la paz social en base a la organización, preparación y armamento de todo el pueblo.

domingo, 16 de octubre de 2011

AMLO en Monterrey ¿pasó “el peligro”?

"Ante tanto nuevo amor de algunos líderes regios para López Obrador es inevitable caer en la sospecha de que, ahora sí, el mundo se va a acabar...” – decía la columna M.A.Kiavelo, voz y conciencia de la más recalcitrante burguesía regiomontana, al comentar las exitosas reuniones del otrora estigmatizado Peje el pasado 6 de octubre en esta ciudad con “empresarios y líderes sociales”, es decir, con capitalistas y representantes de ellos. En Cintermex se esperaba una asistencia de 400 personas: asistieron mil. En el Club Hípico, AMLO compartió algo más que pan y sal con 150 "hombres de empresa" y sus mujeres y posteriormente, afirma M.A.Kiavelo, se reunió con dos del Grupo de los 10 más destacados capitalistas de Monterrey. M.A.Kiavelo y muchos otros analistas, se muestran desconcertados, asombrados, desconfiados o todo junto, ante la nueva política de quien hasta hace poco era considerado por los capitalistas “un peligro para México” (o sea, un peligro para ellos). En el programa “Sin Pelos en la Lengua” de Radio Tierra y Libertad, Ignacio Staines y José Domingo Ríos concluyeron que no hay tal “nueva política” de AMLO, ni motivo alguno para que los dueños del Capital se asombren o desconfíen del tabasqueño. Para Staines y José Domingo no hay sombra de duda de que AMLO fue totalmente sincero cuando aseguró a su auditorio que “no les estaba dorando la píldora” y que “no está contra los hombres de empresa que invierten y generan empleos”. Invertir y generar empleos en México y en cualquier país capitalista significa explotar mano de obra en una despiadada competencia por la obtención de ganancias, competencia en la cual son arrollados los derechos y bloqueados los intereses de los trabajadores y trabajadoras, pero suele llevarse también entre las patas a los capitalistas pequeños y medianos, incapaces de poder competir con los grandes de la burguesía nacional. Los pequeños y medianos capitalistas están decepcionados del PAN y del PRI. Para ellos, Peña Nieto es el candidato de los capitalistas monopolistas, como lo será cualquiera que salga nominado por el PAN. Su opción -¿cómo no lo vieron antes?, se preguntan- es el candidato de la “izquierda” que defiende la soberanía nacional, que se opone a la privatización del petróleo y de la energía eléctrica, claro está, porque en manos privadas o de trasnacionales sólo los grandes capitalistas nacionales están en condiciones de asociarse con el capital extranjero, quedando los pequeños y medianos fuera de combate. López Obrador es su garantía de que siempre serán tomados en cuenta. López Obrador no está contra “los hombres de empresa” en general, contra la burguesía nacional en su conjunto, sólo contra su sector más reducido y poderoso, al que constantemente se refiere como “oligarquía”. Pero al apoyar al sector más débil y numeroso de la burguesía nacional, a los capitalistas pequeños y medianos, López Obrador permite la explotación de la inmensa mayoría que conforma al pueblo de México. Por eso su programa nunca incluirá aspectos de vital interés para las y los trabajadores: aumento de salarios y pensiones que garanticen una vida digna a los productores directos de la riqueza; disminución de la jornada semanal de trabajo a 40 horas (5 días de 8 horas) con pago de 56; Seguro del desempleo; alimentos calientes y gratuitos en todas las escuelas públicas de nivel básico, por ejemplo. Mientras el pueblo sencillo suele esperar horas de pie para escuchar un breve discurso de su guía, AMLO se desvivió para informar y aclarar a su ilustre auditorio cuantas dudas tuvieran en la cabeza sobre la sinceridad de su apoyo. “Esas palabras de AMLO quienes más debían escucharlas son los obreros y campesinos pobres, los trabajadores de la construcción, las empleadas domésticas, los desempleados, todos los que ponen sus esperanzas en las promesas de un candidato de cualquiera de los partidos registrados, que al llegar al poder acabarán con la miseria, la ignorancia, la enfermedad, hijas de un sistema explotador. Se darían cuenta entonces que esos candidatos no podrán cumplir jamás porque están de acuerdo con mantener este sistema de explotación capitalista, como clara y públicamente lo dijo López Obrador” señaló Staines. “Las leyes de la Historia demuestran que el fin de un sistema de explotación no será por elecciones, sino por la lucha directa de los explotados para expropiar a los explotadores, quienes opondrán la más feroz y violenta resistencia para conservar sus privilegios. Sin embargo, un régimen capitalista democrático debe ser utilizado por los pobres de la ciudad y del campo para avanzar en su organización y en su lucha lo más lejos posible”. AMLO es el único candidato que se ha preocupado por llevar algunas migajas a los desheredados, como el bono de 900 pesos para los mayores de 68 años y los apoyos a discapacitados, madres solteras y estudiantes. Este sólo hecho lo ha distinguido de los otros miserables que ni migajas le comparten al pueblo, pero hay que explicar sus propósitos y sus limitaciones, concluyeron.

miércoles, 5 de octubre de 2011

EU, Siglo 21: siguen linchando negros


Troy Davis y la maquinaria de la muerte
Artículo de Amy Goodman, publicado el 29 de septiembre de 2011 en Democracy Now!

La muerte de Troy Anthony Davis estaba programada para el pasado 21 de septiembre a las 7 de la tarde. Ese día me encontraba informando desde las inmediaciones del “Corredor de la muerte”, en la prisión de Jackson, Georgia. Estábamos expectantes, aguardando novedades sobre si la Corte Suprema le perdonaría la vida.
Davis fue condenado a muerte por el asesinato del oficial de policía de Savannah Mark MacPhail, ocurrido en 1989. Siete de los nueve testigos civiles se retractaron de sus declaraciones o cambiaron luego su testimonio, y algunos incluso afirmaron que dieron testimonios falsos tras sufrir intimidación policial. Uno de los dos testigos que no se retractaron de su testimonio es el hombre al que muchos señalaron como el verdadero autor del homicidio. No hay pruebas materiales que vinculen a Davis con el hecho.
Davis era uno de los más de 3.200 prisioneros condenados a pena de muerte en Estados Unidos. Su fecha de ejecución había sido postergada tres veces y con cada nueva fecha, la sensibilidad mundial hacia el caso aumentaba. Amnistía Internacional asumió su causa, al igual que la Asociación Nacional para el Progreso de la Gente de Color (NAACP, por sus siglas en inglés). Hubo pedidos de clemencia del Papa, del ex Director del FBI William Sessions y del ex congresista republicano de Georgia Bob Barr. Tras otorgar la suspensión de la ejecución en 2007, la Junta de Perdón y Libertad Condicional del estado de Georgia expuso entre sus fundamentos que “no se permitirá que ninguna ejecución proceda en este estado a menos...que no haya dudas acerca de la culpabilidad del acusado”.
Pero es justamente esa duda la que generó tanta indignación a nivel mundial con respecto a su causa. Mientras esperábamos, la multitud congregada alrededor de la prisión fue creciendo. Llevaban pancartas con mensajes como “Demasiadas dudas” y “Yo soy Troy Davis”. Se realizaron vigilias en todo el mundo, en países como Islandia, Inglaterra, Francia y Alemania. Ese mismo día, las autoridades de la prisión nos entregaron un escueto material con información para la prensa, donde se indicaba que a las 3 de la tarde Davis sería sometido a un examen médico de rutina.
¿Un examen médico de rutina? En una iglesia local situada en la misma calle de la prisión, Edward DuBose, presidente de la sede de la NAACP en Georgia, dio un discurso junto a defensores de derechos humanos, miembros del clero y familiares que venían de ver a Davis. “Tuvimos que concluir nuestra visita a Troy porque iban a hacerle un examen médico para asegurarse de que está en buen estado físico, para poder amarrarlo e inyectarle la sustancia letal en el brazo. No se confundan: lo llaman ejecución; nosotros lo llamamos homicidio”.
Davis rechazó una comida especial. El material de prensa describía la comida que le ofrecerían a Davis: “Hamburguesas a la parilla, papas al horno, frijoles, col, galletitas y bebida de uva”. También detallaba el cóctel letal que vendría después: “Pentobarbital. Bromuro de pancuronio. Cloruro de potasio. Ativán (sedante).” El pentobarbital anestesia, el bromuro de pancuronio paraliza y el cloruro de potasio detiene el corazón. Davis no quiso el sedante ni su última cena.
A las 7 de la tarde, la Suprema Corte de Justicia de Estados Unidos estaba estudiando el pedido de aplazamiento de Davis. El caso había sido enviado al juez de la Suprema Corte Clarence Thomas, que es originario de Pin Point, Georgia, una comunidad fundada por esclavos liberados cerca de Savannah, donde vivía Davis.
Los gritos de clemencia se hicieron más fuertes. Allen Ault, ex guardia del corredor de la muerte de Georgia —que supervisó cinco ejecuciones allí—, envió una carta al Gobernador de Georgia, Nathan Deal, co-firmada junto a otros cinco guardias y directores de prisiones estatales jubilados. La carta decía: “Si bien la mayoría de los prisioneros en cuyas ejecuciones participamos asumieron la responsabilidad de los delitos por los que se los castigó, algunos de nosotros también ejecutamos prisioneros que afirmaron su inocencia hasta el final. Esos son los casos que jamás se olvidan”.
La Corte Suprema negó la petición. La ejecución de Davis comenzó a las 22.53. Un portavoz de la prisión dio la noticia a los periodistas que esperaban afuera: “Hora de la muerte: 23.08”.
Los testigos de la ejecución salieron. Un periodista de Associated Press que estuvo allí relató las últimas palabras de Troy Davis: “Quería hablar con los familiares de MacPhail y dijo que a pesar de la situación en la que se encontraban, él no había sido el culpable. Dijo que no fue personalmente responsable de lo que sucedió aquella noche, que no tenía un arma. Les dijo a los familiares de MacPhail que lamentaba su pérdida, pero también dijo que él no fue quien le quitó la vida a su hijo, padre o hermano. Les pidió que investigaran el caso en mayor profundidad para descubrir la verdad. También pidió a su familia y amigos que no dejaran de rezar, que continuaran luchando y que no perdieran la fe. Y luego le dijo al personal de la prisión: 'A quienes van a quitarme la vida, que Dios se apiade de ustedes'”.
El estado de Georgia llevó el cuerpo de Davis a Atlanta para realizarle una autopsia, y le cobró los gastos de transporte a su familia. En el certificado de defunción de Davis figura como causa de la muerte simplemente “homicidio”.
Mientras me encontraba en las inmediaciones de la prisión, inmediatamente después de que Troy Davis fuera ejecutado, el Departamento de Cárceles amenazó con cortar nuestra transmisión. El espectáculo se había terminado. Alguien me recordó las palabras de Gandhi cuando le preguntaron qué pensaba acerca de la civilización occidental. Dijo: “Creo que sería una buena idea”.
Foto: Troy Davis.

domingo, 2 de octubre de 2011

Abandonar los ritos y tomar la sustancia del 68

Al movimiento estudiantil del 68 lo distinguieron, entre otras características, su gran movilidad, su espíritu democrático, la originalidad de sus métodos de lucha y los alcances de sus objetivos que pronto rebasaron al famoso pliego de los 6 puntos.
El movimiento del 68 representó para una gran parte del pueblo de México una impetuosa corriente de aire fresco que barría los miasmas podridos generados por 40 años de dictadura del PRI-Gobierno como representante de la burguesía nacional. El régimen de Gustavo Díaz Ordaz, culminación de ese despotismo, puso en acción a la última pieza de la maquinaria de represión del Estado: el ejército, como si las instituciones surgidas de la Revolución burguesa de 1910 estuvieran en peligro mortal.
Desde luego, no existía tal peligro, pero el ejército cumplió su misión con los funestos resultados recordados cada 2 de octubre.
Que después de 43 años esta fecha siga convocando a marchas, investigaciones, condenas, foros, etc., habla del impacto de esa etapa en la vida del pueblo mexicano. Sin embargo, como otras conmemoraciones, corre el peligro de convertirse en mera liturgia si la memoria se limita a las marchas tradicionales, con las narraciones ya muy conocidas y las consabidas condenas que no parecen exorcismos de suficiente poder para impedir el regreso del Partido de los asesinos de Tlatelolco a la silla presidencial.
El movimiento del 68 merece recordarse por su vitalidad, más que por sus muertos. Ya habrá tiempo para llorar a éstos, cuando construyamos el país por el cual cayeron. Ahora conviene recordar que los estudiantes del 68 salieron masivamente a establecer contacto con el pueblo, que se establecieron diálogos infinitos entre la juventud y el pueblo sencillo que identificaba su condición de miseria con la represión que sufrían las y los jóvenes; que en este reconocimiento mutuo se establecían lazos que comprometían al estudiantado a buscar formas de servir a la comunidad que le correspondía con simpatía y múltiples formas de apoyo.
Los estudiantes debatían y participaban amplia y democráticamente; exigían diálogo público en un país acostumbrado a las traiciones de los líderes vende-obreros y vende-campesinos pobres; dejaban sus preocupaciones egoístas de superación personal para exhibir y exigir la disolución de las fuerzas represivas que diariamente victiman al pueblo; se hicieron eco de lo más avanzado del castigado movimiento obrero para exigir la libertad de los presos políticos, concretamente de dos de los más destacados dirigentes sindicales puestos en prisión: Demetrio Vallejo y Valentín Campa.
El 68 es irrepetible, pero su sustancia ahí está: buscar el contacto estrecho con el pueblo, preocuparse por sus problemas, acompañarlo en sus luchas, aprender de las y los trabajadores y compartir con ellos experiencias y conocimientos, crear formas democráticas de organización, resumir las experiencias y volver a buscar la movilización general sobre el aprendizaje basado en el análisis de éxitos y, sobre todo, de los errores y fracasos.
El pueblo está plagado de problemas, cada uno de ellos es una oportunidad de vincularse y generar organización. Puede tratarse de problemas escolares, laborales, ambientales, jurídicos, en fin, todas las lacras con que agobia o despoja la sociedad de clases a las masas trabajadoras.
Naturalmente, estas masas están agobiadas no sólo por sus problemas actuales, sino por generaciones sufriendo opresión, explotación y miseria. Es la larga lucha por salir de esta condición la que les permitirá conocer a sus amigos y enemigos, ellos son los que van a poner su sangre y la de sus hermanos y la de sus hijas e hijos, cuando nuevamente el Estado mexicano considere que los privilegios de la clase dominante están en peligro. Entonces volverá a usar todos los medios de confusión (es decir, difusión), sus Cámaras, sus Tribunales, todas sus policías y si hace falta al ejército, para defender sus privilegios y su poder.
Por ello hay que entender que esta es una lucha larga, constante, diaria, sin reflectores la mayoría de las veces, que no tiene que ver con una, dos o tres marchas rituales al año, ni con reclamos al pueblo al que algunos llegan a llamar cobarde, ciego o sordo porque no atienden a sus desesperados llamados en la temporada en que decidieron salir a combatir.
Hoy surgen mujeres y hombres jóvenes valientes y valiosas(os), dispuestos a luchar en medio de condiciones muy difíciles y complejas. Las enseñanzas del 68 siguen siendo válidas: si quieren profundizar, hay que buscar al pueblo sencillo, vivir, trabajar y luchar con él, y prepararse aprendiendo la experiencia histórica de la lucha de los pueblos del mundo.

domingo, 25 de septiembre de 2011

Luto por los muchachos muertos. José Alvarado


José Alvarado, destacada personalidad democrática del siglo pasado, originario de Lampazos N.L., era ya un conocido periodista y escritor, catedrático en la UNAM, cuando fue designado Rector de la Universidad de Nuevo León hace 50 años, en 1961, por el entonces Gobernador del Estado, Eduardo Livas Villarreal.
Alvarado solo se sostuvo en la Rectoría poco más de un año. Le tocó sufrir una de las más feroces campañas de desprestigio desatadas por la burguesía regiomontana, hinchada de soberbia por su exitosa campaña de histeria anticomunista que en febrero de 1962 había llevado a las madres de familia a rescatar a sus niños de las escuelas "porque el gobierno los quería mandar a Cuba", mientras decenas de miles de obreros de los sindicatos blancos obtenían un día libre para exigir frente al Palacio de Gobierno suspender la entrega de los libros de texto gratuito en las escuelas públicas por "socializantes".
En ese ambiente ocurrieron la atroz campaña contra Alvarado y su renuncia a la Rectoría de la UNL, una página de vergüenza en la historia de esta ciudad y de la Universidad pública que no han reivindicado la memoria del denigrado ex-Rector, ni siquiera en estos días en que se conmemora el centenario de su nacimiento, cuando incluso el periódico que fue principal instrumento de aquella campaña, "El Norte", reconoce la calidad literaria del escritor a través de uno de sus reporteros quien, seguramente sin saber que tira piedras contra sus patrones, afirma "alarmó a un sector de la ciudadanía que lo vio como una amenaza ideológica"(!).
A José Alvarado se debe uno de los más bellos pensamientos expresados en aquellos aciagos días que siguieron a la masacre cometida por el PRI-Gobierno en Tlatelolco. Breve homenaje, concentrado de dolor y de coraje, de indignación y esperanza por la juventud destrozada, cuando aún retumbaban el eco de las botas militares, el ruido de la metralla asesina y la ovación de diputados y senadores al genocida Gustavo Díaz Ordaz. Este es el texto que Don José Alvarado tuvo el valor de dedicar a los caídos el 2 de Octubre, cuando toda disidencia era perseguida y aplastada:

Luto por los muchachos muertos
Había belleza y luz en las almas de esos muchachos muertos. Querían hacer de México la morada de la justicia y la verdad. Soñaron una hermosa república libre de la miseria y el engaño. Pretendieron la libertad, el pan y el alfabeto para los seres oprimidos y olvidados y fueron enemigos de los ojos tristes en los niños, la frustración en los adolescentes y el desencanto de los viejos. Acaso en alguno de ellos había la semilla de un sabio, de un maestro, de un artista, de un ingeniero, un médico. Ahora sólo son fisiologías ininterrumpidas dentro de pieles ultrajadas. Su caída nos hiere a todos y deja una horrible cicatriz en la vida mexicana.

No son, ciertamente, páginas de gloria las escrita esa noche, pero no podrán ser olvidadas nunca por quienes, jóvenes hoy, harán mañana la crónica de estos días nefastos. Entonces, tal vez, será realidad el sueño de los muchachos muertos, de esa bella muchacha, estudiante de primer año de medicina y edecán de la Olimpiada, caída ante las balas, con los ojos inmóviles y el silencio en sus labios que hablaban cuatro idiomas. Algún día una lampara votiva se levantará en la Plaza de las Tres Culturas en memoria de todos ellos. Otros jóvenes la conservarán encendida.
Jose Alvarado. “Luto por los muchachos muertos”. Revista Siempre!, N 779, 16 de octubre de 1968

lunes, 19 de septiembre de 2011

Los verdaderos valores del Dalai Lama


En días pasados, el Consejo Estatal para la Promoción de Valores, organizó el “Tercer Encuentro Mundial de Valores” en la ciudad de Monterrey, con la participación de destacadas personalidades procedentes de diferentes países.
Este Consejo Estatal funciona con financiamiento del Gobierno estatal; se creó en 2007, supuestamente para enfrentar la escalada de violencia mediante la alianza de asociaciones e instituciones “para difundir los valores” y por medio de campañas en universidades, empresas y escuelas públicas “para promover conceptos morales como honestidad y responsabilidad”.
Javier Benítez, Presidente del Consejo, inspirado por la presencia y el discurso de su principal invitado, Tendzin Gyatso, el decimocuarto Dalai Lama, manifestó de inmediato su deseo de invitar el próximo año al Papa Benedicto XVI. "¿Qué gente más representativa de paz, de cultura ciudadana, de convivencia que esas personalidades que son del mundo espiritual? -- dijo emocionado Benítez-- Nos dan unos ejemplos y unas enseñanzas muy bonitas”.
En el programa “Sin Pelos en la lengua” de Radio Tierra y Libertad, Ignacio Staines analizó la participación del Dalai Lama en este evento, llamando al público a guiarse siempre por el método de “Buscar la verdad en los hechos” y no por los discursos que suelen ser muy distintos de lo que muestra la realidad.
Y los hechos demuestran que el célebre Dalai, ganador del Nobel de La Paz, está muy lejos de promover los valores de honestidad, responsabilidad, paz y democracia que pregona.
Para empezar, dijo Staines, el Dalai Lama pertenece a una casta de sátrapas que gobernaban el Tibet de la manera más antidemocrática, imponiendo una teocracia feudal que sometía a la servidumbre al 95 por ciento de la población de esa región hasta 1,949, año de fundación de la República Popular China.
Los siervos tibetanos estaban obligados a mantener a la casta parasitaria de los Lamas. Quienes intentaban huir eran sometidos a castigos brutales, que incluían cepos, cadenas y mutilaciones. La inmensa mayoría de la población no tenía derecho a la libertad personal, a la educación ni a la subsistencia. ¡Esa era la condición de los derechos humanos en el Tíbet bajo la teocracia feudal de los Lamas, incluyendo al actual campeón defensor de los derechos humanos, el Dalai Lama!
La fundación de la República Popular China puso fin a las aspiraciones de los imperialistas británicos de dividir el territorio tibetano. En 1951 el Ejército Popular de Liberación inició la ocupación del territorio bajo el mando del gobierno central, conservando el Dalai el gobierno local. En 1956 inició la reforma agraria radical, a la que intentaron oponerse los terratenientes con una revuelta armada. El Dalai Lama huyó a la India y desde ahí se mantiene como gobernante de Tibet en el exilio, sostenido por el gobierno de los Estados Unidos, en campaña separatista permanente contra el gobierno y el pueblo chinos.
Dos hermanos del Dalai dirigieron luchas de guerrillas financiadas por la CIA, en infructuoso intento por recuperar el poder. En 1998, documentos liberados por el Depto. de Estado Norteamericano revelaron que la CIA entregó 1.7 millones de dólares al año para sostener las actividades armadas de exiliados tibetanos contra el gobierno de la RPCh, mientras el “espiritual” líder budista predicaba la resistencia pacífica.
El fracaso de la violencia armada no ha hecho desistir los esfuerzos separatistas del Dalai. En este siglo, las operaciones ya no han corrido a cargo de la desprestigiada CIA, sino del National Endowment for Democracy (NED), Fondo Nacional para la Democracia, que destina dos millones de dólares al año a favor del exilio tibetano, más los recursos del Congreso norteamericano y las aportaciones de millonarios como Alberto Soros al líder budista, quien a pesar de semejantes apoyos sigue vistiendo la humilde túnica, símbolo de renuncia a la vida mundana. (Feudalismo Amistoso: El Mito Tibetano, Michael Parenti).
Hacia 1939, el Dalai Lama todavía niño, recibió las enseñanzas del nazi Heinrich Harrer, oficial de las tropas de asalto de Himmler durante siete años (llevados a la pantalla en el mito hollywoodense “Siete años en el Tibet”, con Richard Gere). El Dalai Lama conservó la amistad de este nazi hasta su muerte a los 93 años. Pero no fue la única amistad que cultivó entre estos enemigos de la humanidad. Fue también amigo del médico nazi Bruno Beger, juzgado por crímenes cometidos contra los prisioneros de los campos de concentración, como amigo fue de Miguel Serrano, Jefe del Partido Nazi de Chile, quien daba a Hitler trato de Dios.
Es conocida también la relación de maestro-alumno que sostuvo con el fanático Shoko Asahara, el jefe de la secta japonesa La Verdad Suprema, responsable del ataque con el tóxico gas sarín contra civiles inermes en el metro de Tokio. El Dalai quiso deslindarse de esa perniciosa amistad, pero no pudo negar los donativos que por más de un millón de dólares hizo en su favor el terrorista, quien se aseguró de contar con recibos del Dalai para poder obtener reconocimiento del gobierno japonés a su secta y deducir así impuestos. Tampoco fue casual la intervención del Dalai a favor del asesino Augusto Pinochet, cuando el gobierno español solicitaba la extradición del dictador amigo de los nazis.
El Dalai Lama tiene ahora otros asesores, más a propósito de sus prédicas. Destacan el Coronel Robert Helvey, Presidente de la Albert Einstein Institution, quien entrenó en Hong Kong a los grupos estudiantiles que dirigieron las protestas de Tiananmen en 1989, y Gene Sharp, ambos especialistas en la “Resistencia no violenta” como método para echar abajo gobiernos no colaboradores con la política de los Estados Unidos.
El Tíbet, inmensa región de importancia geopolítica de primer orden, es también uno de los más grandes depósitos de minerales del mundo: uranio, litio, hierro y cobre, entre otros, y desde luego, el petróleo, riquezas materiales que el imperialismo norteamericano quiere hacer creer al mundo que en su beatífica misión espiritual desconoce ese “hombre sagrado” que es el Dalai Lama.
Los pueblos del mundo deben conocer la verdadera faz de este farsante, aliado del imperialismo en la larga lucha por desestabilizar al único país capaz de frenar al enemigo principal de la paz mundial.
Foto: Maestro y discípulo. Dalai y Shoko Asahara.

domingo, 11 de septiembre de 2011

La experiencia histórica del 11 de Septiembre


No nos referimos aquí al 9/11 norteamericano, hecatombe de un día, revivida durante diez años mas los que hagan falta al revanchismo imperialista, a través de las imágenes repetidas hasta el infinito, de las inmensas columnas de humo que se pierden en las alturas, mientras llueven cuerpos que la desesperación lanza al vacío, para concluir con la escena apocalíptica del derrumbe cuyas nubes de polvo persiguen a la multitud indefensa y desconcertada, escenas que con todo su catastrofismo se verían pálidas junto a las nunca filmadas escenas de Hiroshima y Nagasaki cuando el gobierno yanki decidió lanzar sobre éstas la bomba nuclear, o el tampoco filmado terror de la población civil vietnamita abatida diariamente en la Ruta de Hanoi por los raids de la aviación norteamericana con lluvia de napalm, la gelatina de fuego, por citar solo unos ejemplos de población civil indefensa, víctima de agresiones inhumanas por parte de la potencia que se atrevió a preguntar ¿Porqué nos odian?
Esa dolorosa experiencia podrá fácilmente analizarla y asimilarla el pueblo norteamericano cuando deje de ver a través de los ojos de su gobierno y de sus voraces empresas transnacionales, cuando se refleje en los ojos de los pueblos oprimidos y saqueados por su gobierno y el de las otras potencias imperialistas.
Aquí nos referimos a otro 11 de Septiembre, al que en 1973 puso fin a la ilusión de llegar al socialismo por la vía pacífica, al que recordó a los explotados del mundo que ningunas elecciones, decretos o discursos, van a despojar a la clase dominante de sus privilegios; que para conservarlos, esta clase no vacilará en recurrir a todos los medios a su alcance: al Parlamento y a los jueces si, como fue el caso, perdió temporalmente el Poder Ejecutivo, a la interpretación a conveniencia de la ley y a la violación de ésta si no le conviene; a la calumnia y el engaño a través de sus medios masivos de desinformación, a la intriga para desunir al pueblo y sus aliados, a sus relaciones con el capital internacional, al sabotaje, al terror, al crimen y, cuando todo eso no sea suficiente, a su último y más seguro recurso: la intervención del ejército para someter al pueblo.
Todo esto lo vivió el pueblo chileno durante el breve período de gobierno de Salvador Allende, llevado a la presidencia de su país por una coalición de partidos: la Unidad Popular, donde los partidos más influyentes eran el Partido Comunista y el Socialista.
Allende llegó a la presidencia con una mayoría muy precaria; 36 por ciento de los votos, apenas dos puntos arriba del segundo. El Parlamento tenía incluso poder de veto y podría convocar a nuevas elecciones, pero Allende negoció con el Partido Demócrata Cristiano la aprobación parlamentaria, a cambio de compromisos para respetar la legalidad, la propiedad privada y las fuerzas armadas.
En realidad, Allende no tenía que haber hecho ese compromiso. El estaba profundamente convencido de la necesidad de respetar los caminos institucionales; creía también en la tradición de legalidad del ejército chileno. 60 años más tarde, Allende cometió en Chile el mismo error que el mexicano Francisco I. Madero: nombró Ministro de Defensa a su futuro verdugo. Sólo que Madero nunca se dijo marxista.
Por esos años, la “izquierda” chilena estaba profundamente influida por las tesis revisionistas del Partido comunista de la Unión Soviética (PCUS), una de las cuales respaldaba el criterio de que era posible llegar a poder e incluso al socialismo por la vía electoral. El Partido Comunista de China (PCCh) rechazó totalmente esas tesis y denunció al PCUS como partido revisionista, culpable de engañar a las masas con teorías contrarias a las enseñanzas de Marx y Lenin.
De la Revolución de 1848 a la Comuna de París (1871), Marx y Engels sacaron la conclusión de que el proletariado tendría que oponer a la violencia reaccionaria la violencia revolucionaria y que necesitaba imponer su dictadura de clase frente a la dictadura de la burguesía. De no hacerlo así, los explotadores aplastarían a sangre y fuego la revolución. Lenin llamó “renegados” a quienes se decían marxistas pero no preparaban a las masas para enfrentar la violencia reaccionaria. Marxista no es el que se limita a reconocer la lucha de clases, decía Lenin. “Marxista sólo es el que hace extensivo el reconocimiento de la lucha de clases al reconocimiento de la dictadura del proletariado. En esto es en lo que estriba la más profunda diferencia entre un marxista y un pequeño (o un gran) burgués adocenado”.
La atención del mundo se centró esos años en el proceso chileno; el resultado tendría repercusiones internacionales. Quizás podía derribar una de las tesis claves del marxismo y confirmar lo correcto del nuevo rumbo de la dirigencia soviética: pacifismo en la lucha de clases a nivel nacional, agresiva expansión en la política internacional. Pero la burguesía y sus aliados del imperialismo norteamericano no estaban para ensayos y pusieron una vez más las cosas en su lugar. A cacerolazos, a tancazos y finalmente con el golpe militar.
El pueblo chileno con la clase obrera a la cabeza aguantó las consecuencias de la crisis política y económica estoicamente y muchas veces se batió heroicamente. Frente al enemigo cada vez más provocador, en vano pidió armas al Presidente. Además, en el proceso nunca se llegó a conformar un partido proletario que pudiera organizar desde abajo la defensa del gobierno de la UP. Sin un partido proletario al frente, sin unidad de principios ni unidad táctica, el pueblo chileno sufrió una terrible derrota frente a sus enemigos que sí estaban unidos, con el ejército listo para cumplir su misión histórica: aplastar la lucha popular.
Salvador Allende murió heroicamente en el Palacio de La Moneda, en cumplimiento del mandato popular que lo eligió Presidente. Su muerte heroica y su gobierno, sin duda lleno de buenas intenciones para el pueblo chileno, no deben sin embargo, hacer olvidar esta tremenda lección histórica: las clases dominantes nunca van a dejar sus privilegios por la vía pacífica. Y para todos los pueblos que en sus luchas se topan con partidos o dirigentes reformistas, no olvidar la terrible lección que dejaron Pinochet, la burguesía chilena e involuntariamente, los reformistas y revisionistas chilenos: “el reformismo, por el hecho mismo de sacudir hasta sus cimientos la sociedad burguesa sin atreverse a destruirla, acaba por constituirse en la antesala de la contrarrevolución” (R. Mauro Marini).
Olvidarlo es traicionar la memoria de las decenas de miles de chilenos asesinados, torturados o desaparecidos, además de Salvador Allende.