
Prepotentes, reclamaron la presencia del Comisariado ejidal Esteban Sustaita, para exigir les mostrara el permiso de baile. Hombre sencillo y de respeto, Sustaita trató de explicar que no solicitaron permiso porque nunca habían tenido altercados, que era un día de convivencia con los pobladores de otros ejidos dispersos en la vasta soledad del altiplano.
Los judiciales no escucharon más. Arremetieron contra el Comisariado y el Juez Auxiliar, esposándolos. Ante el atraco, Francisco González, ejidatario de edad avanzada, pidió al comandante del grupo que soltara a los detenidos. Un judicial golpeó con el cañón del fusil el rostro de don Francisco. Lo demás se precipitó en segundos: Luis González se lanzó a defender a su padre y fue derribado de tremendo culatazo en la nuca; Santos, otro hijo de don Francisco, y José Dimas Puente acudieron presurosos sólo para ser recibidos por disparos mortales de escopeta.
Los policías, esbirros propios de la época del porfiriato, huyeron por el monte tras el cobarde crimen. Los campesinos decidieron entonces viajar a Monterrey para buscar la ayuda de Tierra y Libertad, organización de la que tenían conocimiento porque muchos de sus antiguos compañeros de labranza habían hallado ahí un rincón para vivir.
El movimiento de posesionarios tomó como propia la agresión a los campesinos. Presentó al Gobernador Pedro Zorrilla Martínez un pliego de peticiones que incluía la destitución del alcalde de Dr. Arroyo Virgilio Reyna, el castigo a los policías asesinos y una indemnización a las viudas.
Las acciones de protesta incluyeron fuertes manifestaciones y la instalación de campamentos de denuncia durante varios días, frente al Palacio de Gobierno y en las plazas Zaragoza y de Colegio Civil.
El Gobernador Zorrilla, apoyado por los medios de información, trató de desacreditar la intervención de Tierra y Libertad, pero el crimen fue tan alevoso y brutal, que finalmente tuvo que aceptar las demandas del movimiento, que generó solidaridad en Monterrey y simpatía en la empobrecida región ixtlera.
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