martes, 28 de julio de 2009

La Radio y los días. Wily: un grito más allá de la muerte





Un gemido no, más bien un bramido. Un grito desgarrador al final del intervalo abierto por el silencioso ascenso con los puños crispados. Y un desborde furioso por esa joven vida –una más- sacrificada en el altar de las ganancias capitalistas: ¡El Wily no murió, la empresa lo mató! ¡El Wily no murió… una – diez - cien veces el grito explotó en el rostro de piedra de Héctor S. Maldonado, funcionario favorito de los gobiernos priístas para torear las demandas obreras, en ese momento Presidente del Consejo de Relaciones Laborales del Estado. Quizás sea la única ocasión que se hayan cimbrado sus más firmes fibras patronales, cuando abierta la ventanilla del ataúd, Benito González le gritó, señalando el cadáver de su hermano:
-- ¡Mírelo, esa es su obra!

Cada año, desde varios años atrás, la Asociación Civil “Tierra y Libertad” acudía sin invitación a la “Semana de Seguridad e Higiene Industrial”, evento preparado por el Consejo de Relaciones Laborales y el IMSS, para denunciar la realidad que viven miles de obreros, que lesionados, mutilados, inválidos o muertos, forman una siniestra estadística de lo que esta organización llama CRÍMENES INDUSTRIALES y no accidentes, porque puede demostrarse que en su gran mayoría se debieron a falta de equipo, de capacitación, de una negligencia que revela el desprecio del Capital y sus representantes en el gobierno por la vida de los esclavos asalariados modernos, sobre todo en el ramo de la construcción.

Luis Rey González de León murió el 28 de julio de 2004 a los 27 años, víctima de uno de esos crímenes laborales que tantas veces denunciamos ante Héctor S. Maldonado. La empresa de televisión por cable para la que trabajaba, filial de Multimedios, lo envió a subir postes sin casco protector. Se cabeza sudada rozó un cable de alta tensión, que lo lanzó al vacío.

Luis Rey, “el Wily” era miembro de la ACTyL. Fue parte del equipo de voluntarios de Radio Tierra y Libertad, colaborando desde los controles. Ahí le recordamos, alegre y servicial, como festivo y combativo en mítines y marchas. Dejó una viuda y un hijo recién nacido, por cuya seguridad social vio cumplidamente la Asociación Civil.
Familia plenamente compenetrada de la historia de lucha de esta organización, los González de León aceptaron llevar el cuerpo como protesta suprema ante un representante de sus victimarios, antes que llorar resignados frente a la tumba.

Alicia de León, madre dolorosa, Secretaria General de la AC, solidaria mujer probada en tantas luchas, quiso este digno final para su hijo.

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